
Un día descubrí la máquina de escribir de mi papá y la maquiné, la maniquíse, me puse a teclear tecleando el arte de este combinar las letras e intentar entenderme, hacer algo de lo que hacía mi papá. Un día empecé a jugar con la máquina de escribir. Un día no estaba la máquina y empecé a rellenar mis cuadernos de letras de cosas al pasar, sin sentido y un día le dí sentido a varios sueños y escribí poesía.